Calooooor, calooooor, caaaaalor.
El verano de 2026 ha entrado pisando fuerte. Solo en junio ya hemos superado los 32º en varios puntos de Europa y, antes de que terminara el mes, la primera ola de calor ya nos obligaba a buscar sombra… o abanico.
Y lo curioso es que no ha sido una sorpresa verlos de nuevo en la calle.
Este verano, los abanicos han reaparecido con fuerza como un recurso contra el calor, como un accesorio más y, lo que nos hace sentir más contentos, como una extensión del estilo personal. Nos gusta pensar (y ojalá no equivocarnos) que forman parte de una pequeña vuelta a lo esencial: objetos útiles, bellos y duraderos.
Cuando empezamos con ràfega, una de las preguntas más repetidas de nuestro entorno era siempre la misma: “¿Quién compra abanicos hoy en día?” “¿No es algo demasiado tradicional?” “¿Solo se usan en verano?”
No eran preguntas fáciles de escuchar, pero sí importantes. Nos obligaron a afinar nuestra propuesta, a pensar mejor nuestros diseños y, sobre todo, a replantearnos cómo hacer que un objeto tan ligado a la tradición pudiera volver a conectar con una nueva generación.
También teníamos claro algo desde el principio: el abanico no podía seguir siendo un producto puramente estacional. El calor ya no entiende de calendarios. Los veranos son más largos, más intensos y más frecuentes. Y en ese contexto, la idea de un objeto sostenible, reutilizable y hecho para durar cobra todavía más sentido.
En los últimos dos años hemos visto cómo, poco a poco, el abanico ha ido recuperando espacio. No solo gracias a marcas como ràfega, sino también al impulso de otras firmas artesanas, muchas de ellas afectadas por la DANA en Valencia, que han mantenido vivo este oficio.
Y algo aún más interesante: la moda también lo ha abrazado de nuevo. Hoy el abanico aparece en pasarelas, editoriales y colecciones de verano como un complemento inesperado, aunque cada vez más natural. Un objeto funcional que, al mismo tiempo, tiene presencia estética.
Porque ahí está la clave: el abanico ya no es solo un objeto para combatir el calor. Es un gesto, un estilo, una identidad.
Y lo mejor de todo es que funciona con todo. En un verano donde el calor ya no da tregua, quizá no es que el abanico haya vuelto de moda es que quizá nunca dejó de tener sentido.
Os invitamos a ver todos nuestros modelos.
























